Dinosaurios, el hielo de la Antártida y las pantallas LED.

Probablemente, ahora te estarás preguntando qué relación pueden tener los dinosaurios y el hielo con las pantallas de tecnología Led.

Pero seamos claros: esa es la intención del título.

Como expertos en publicidad y comunicación, sabemos que es importante hacer cosas diferentes y llamativas con el objetivo de despertar la curiosidad.

La idea de la comunicación publicitaria es captar la atención de los potenciales clientes, introducirlos en un viaje emocional que los conduzca hasta nuestra marca, producto o servicio de tal forma que al final acaben valorando la posibilidad de comprarnos o contratarnos; o mejor dicho: con la clara intención de que lo hagan.

El objetivo de todo ese esfuerzo creativo y económico es conseguir una venta y un cliente.

Pero vamos a ir explicando cual es la relación entre todos los elementos de título.

¿Qué tiene que ver una pantalla LED con un dinosaurio y el hielo Antártico? Y en todo eso, ¿cómo encaja la publicidad?

Pues bien, si lees hasta el final de esta entrada averiguarás por qué lo hemos mezclado todo a modo de coctel publicitario.

Vamos por partes.

Los dinosaurios se extinguieron después de la caída de un meteorito que dejo la tierra prácticamente inhabitable. Las condiciones climáticas cambiaron muy rápido y aquellas enormes y lentas bestias no fueron capaces de superarlo.

Sin embargo, la vida no se terminó en el planeta ( por eso estas leyendo esto).

Hoy seguimos existiendo; mejor o peor, pero aquí estamos. Afortunadamente, hubo otras especies que sí tuvieron la capacidad de adaptarse y sobrevivieron al desastre. Tras el cambio radical de los ecosistemas, encontraron nuevas formas de alimentarse y cobijarse. Fueron capaces de inventar fórmulas para transformar sus hábitos y de esta manera subsistir.

Y gracias a su capacidad de adaptación, la vida en la Tierra no se acabó con los dinosaurios y tú estás leyendo esto…

Ahora veamos el segundo punto: el hielo de la Antártida.

Esto tiene mucho que ver con lo anterior, aunque en otro contexto y mucho más cerca de nuestra época.

A principios de siglo XX no existían los refrigeradores tal y como los conocemos hoy, ya que apenas había electricidad en un puñado de casas y la revolución industrial estaba aún en sus principios.

En aquel entonces, para mantener las cosas frías (principalmente alimentos), la única opción que había era el hielo.

Sin embargo, las cosas no eran tan sencillas como hoy en día. No existían máquinas para fabricarlo ni las gasolineras, por lo que la única opción era ir hasta la Antártida, Groenlandia y similares para cortarlo y transportarlo hasta las ciudades en enormes buques preparados para conservarlo durante el viaje de vuelta.

Una vez llegaban a puerto con su gélido cargamento, se transportaba en carretas preparadas hasta los depósitos principales, igualmente preparados para conservarlo de la mejor manera y durante el máximo tiempo posible.

En estos grandes almacenes, también había máquinas que lo cortaban en bloques cada vez más pequeños para su reparto. Posteriormente, se distribuía a los almacenes acondicionados en las ciudades, para finalmente y en bloques aún más pequeños, vendérselo a los clientes y a la población en general:  fábricas de pescado y alimentos, restaurantes, hogares, etc.

Los comerciantes de hielo tenían un negocio estable, un producto necesario, buenos beneficios y poca competencia.

Pero el mundo a veces cambia muy rápido y nos suele pillar desprevenidos.

Con la irrupción de la era pre-tecnológica, se empezaron a comercializar de forma universal máquinas para mantener la comida fría y generar hielo, los frigoríficos.

Sin embargo, la industria de la extracción de hielo no supo ver este avance y no se adaptó. Habían hecho una gran inversión en barcos, herramientas y cámaras de conservación y no querían volver a invertir en las nuevas tecnologías.

Resultado: en pocos años desaparecieron.

Una industria boyante y muy rentable quebró en poco tiempo. Y este modelo de no adaptación y modernización es aplicable a montones de negocios: Kodak y las cámaras de fotos, blockbuster y Netflix, etc.

En resumen: es fundamental adaptarse a los cambios, reinventarse constantemente e invertir en nuevas tecnologías, ya que de no hacerlo nos veremos condenados a desaparecer.

Ahora vienen las pantallas LED.

En los últimos tiempos, las ofertas de marcas y productos se han disparado. Vivimos en un mundo muy competitivo, donde todos tratamos de vender y donde es importante destacar si no te quieres quedar fuera.

Y la forma en la que vamos de compras también ha cambiado.

Ahora, todos vamos muy rápido a todos lados, pensando en lo nuestro y cada vez menos sensibles a los impactos publicitarios mediocres y que no destacan.

Así mismo, la saturación publicitaria en televisión e internet nos hace estar sobre informados y saturados, por lo que ya prestamos poca atención a estos canales. Apenas funciona el efecto recuerdo que estos medios producían antaño y hemos pasado de un modelo de compra reflexiva a uno impulsivo.

Sin embargo hay dos elementos básicos que nos siguen llamando poderosamente la atención y que siguen funcionando como reclamo: una buena imagen, si es en vídeo mejor, y saber el precio de las cosas o vernos tentados con una oferta, un descuento o la urgencia.

Rápidamente nuestro cerebro recoge ese estimulo visual y se activa nuestra necesidad e impulso de compra. En milésimas de segundo ya hemos tomado una decisión: compro.

Pero si esa información no nos llega de forma clara e impactante, pasamos de largo.

Y esto es lo que consiguen las pantallas con tecnología LED: su alta capacidad de impacto debido al brillo y contraste con el que emiten los contenidos nos hace mirar instintivamente; es como cuando te dan las largas yendo en el coche.

Además, tienen la capacidad de dar mucha información en un corto espacio de tiempo, por lo que son capaces de despertar nuestra curiosidad y multiplicar las posibilidades de activar nuestro impulso de compra.

Porque al final una pantalla LED lo que trata de hacer es eso: captar la atención de tus clientes, presentar tu imagen de marca y tu oferta de productos o servicios para que el transeúnte o aquel que sea tu potencial cliente se vea fuertemente atraído por tu mensaje y se plantee entrar a tu tienda, llamar a tu negocio e iniciar el proceso para acabar comprando algo.

Y eso, a nivel comercial tanto hoy en día como hace 100 años lo es todo.

Porque puedes tener el mejor producto del mundo, al mejor precio y en las mejores condiciones, pero si tus clientes no son conocedores de que existes, todo lo anterior no tiene la más mínima importancia.

Por eso, es importante adaptarse a los nuevos tiempos, invertir constantemente en nuevas formas de comunicar e impactar. Y las pantallas Led ofrecen todo eso para tu negocio: imagen de vanguardia y tecnología, sugerentes formas de invertir en tu negocio o marca y alto impacto visual en tus potenciales clientes.

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